Una singular tipología de la arquitectura popular leonesa cuyos últimos ejemplares se encontraban en la comarca montañesa de la Tierra de la Reina. Viviendas de planta rectangular, unidas por sus lados menores y en las que el largo viene a ser tres veces el ancho. La planta está formada por dos crujías y en ella se dispone el portal, donde se guardan los aperos de labranza, la cuadra, la cocina y un solo dormitorio común para toda la familia. Esta planta es la que únicamente se utiliza y entre el techo de las habitaciones y los faldones de la cubierta queda un espacio que se destina a pajar y granero para la cebada.

La casa está construida de mampostería de pizarra o de caliza sentada sencillamente con barro. Únicamente en las esquinas suele haber unos grandes sillares con una ligera labra. La puerta suele ser un arco con grandes dovelas. La principal característica de este tipo de vivienda es que, dado lo endeble de sus fábricas, la cubierta no descansa sobre los hastiales de la fachada, sino sobre unos pies derechos de madera, adosados a ella pero con completa independencia. Estos pies derechos suelen ser troncos de haya o de roble, existiendo tres: uno en el centro y dos en los muros laterales y reciben el nombre de «horca» por responder a su forma peculiar. Junto a los muros largos de la fachada suele haber otros pies derechos denominados «estelos», que sujetan la solera de madera en que se apoyan los pares de la armadura. Sobre los pares se hace un pequeño trenzado de ramas de roble, denominadas «zarzos», y sobre ellos va la paja larga de centeno llamada «cuelmo», para sujetar la cual se ponen de vez en vez unos varales o «aspras».

La habitación de vida común es siempre la cocina, y para evitar que las chispas del hogar puedan producir un incendio en el pajar, el techo está construido por un doble piso de vigas de madera unidas unas a otras y toscamente labradas, colocando la segunda fila de maderos en sentido contrario de los de la primera. Sobre este doble suelo se coloca tierra bien apisonada y a veces tapín. La cocina no tiene más ventilación ni salida de humos que la ventana diminuta, y en el espacio que queda entre la ventana y el techo se curan al buen humo del hogar los productos de la matanza casera. Es interesante también el pavimento de la cuadra, formado por tablas de haya de una longitud aproximada de 1,60, unidas unas a otras, y formando así una superficie que sirve de cama al ganado, para evitar las humedades del suelo; al extremo de las tablas corre una canal de canto rodado para la evacuación de las aguas.

Desde el punto de vista sanitario e higiénico, estas viviendas con su promiscuidad inadmisible de hombre y de bestias deberían desaparecer; pero con ello desaparecería también un tipo de vivienda que por su procedencia, su disposición y por su forma constructiva es enormemente interesante. En las tierras anegadas por la construcción del embalse de Riaño, estaban las construcciones populares más arcaicas, derivadas de las tradicionales pallazas del noroeste peninsular, pero presentaban un gran avance al introducir una separación total en el interior entre personas y animales, quedando las cuadras independientes de la vivienda.

Así es una auténtica Casa de Horca