A escasos kilómetros de León capital, se abren magníficas las cuevas eremíticas de San Martín (Villamoros) y de Valle (Valle de Mansilla), rebautizadas ambas como del Moro. Acceder a ellas es rasgar el silencio, llenar las pupilas de cultivos y arboledas que serpentean junto a los ríos Torío y Esla. La caminata es corta, pero intensa para superar los desniveles de las colinas donde se excavaron y reencontrarse con un lugar de retiro y oración usado en la época visigótica, según la creencia. Pasar del bullicio del mundo a la soledad de la celda, olvidar el fragor de la batalla por la paz y el silencio de un cubículo no tuvo que ser fácil para aquellos guerreros de corazón duro, valor indomable, porte soberbio y pasiones insaciables que se transformaron, según la leyenda, en monjes piadosos que optaron por ocupar cenobios austeros. En el caso de las cuevas de Valle de Mansilla, la historia y las paredes marcadas por los arañazos y los instrumentos afilados que sirvieron para dibujar sus pequeñas celdas interiores, demuestran que este enclave tuvo un gran peso en la conversión de decenas de ‘soldados’.

A partir del siglo X, esos ermitaños comenzaron, con probabilidad, a bajar de sus guaridas y se organizaron en recintos que dieron lugar a los monasterios medievales. De hecho, en las inmediaciones de las cuevas se levanta San Miguel de Escalada y se abre un castro en el que han aparecido columnas, piezas de estatuas, tumbas y numerosas monedas. Además de los eremitas, las cuevas de Valle han servido de refugio a los lugareños durante la invasión árabe, como atestigua una ilustración del Beato de Escalada. En ella se muestra cómo la población local se escondía en el interior de tres colinas. De ahí, que en la zona se hayan bautizado como Cuevas del Moro.

Source: CELDAS DE ARCILLA Y ORACIÓN