León, es la provincia más noroccidental de la Meseta Norte. Bordea y limita al norte con la Cordillera Cantábrica, donde podemos encontrar docenas de cumbres impresionantes, con bellos paisajes, hoces, gargantas y profundos valles. La vivienda lacianiega sigue las líneas generales que definen la arquitectura de la montaña leonesa, con sus dos modos de vida, la mina y el bosque. Allí, al noroeste de León, en Laciana y en algún pueblo de Babia se conservó hasta el segundo tercio de este siglo un tipo de edificio que merece ser analizado.

Viviendas tradicionales en forma de “u” en planta, orientadas al sur, con esquinazos redondeados y con un hórreo en medio, ambos cubiertos de paja, cuyos ejemplos más significativos se encontraban en los pueblos de Caboalles de Arriba, Robles de Laciana y Sosas de Laciana. Lo más característico es la organización de la casa en dos alturas (podían ser también de una sola planta) ofrecida hacia un corral abierto, que dispone de testeros resaltados escalonados, rematando la cubierta a dos aguas y, completando el conjunto del edificio, un hórreo dispuesto en el centro del corral, también con cubierta vegetal. Podían incorporar el corredor, galería o cuerpo cerrado, correspondiente al cuerpo de la vivienda y orientado al corral.

Florentino Agustín Díez González en su libro «El valle de Laciana» describe esta casa de la siguiente forma:

“Ofrecen su fábrica y disposición en forma de un semicírculo, y constaba de las siguientes dependencias: al fondo la habitación familiar, siendo la pieza más espaciosa y cuidada la cocina, con su lar de piedra y su amplísima chimenea de humo, la típica «piérgola» y los clásicos «morillos» y «pregancias». En el portal de entrada, a un lado, solía emplazarse la «ochera» —ollera— para enfriamiento y natación de la leche. En una de las alas del semicírculo obraban los establos para el ganado vacuno, con sus correspondientes pajares, y en la otra los del ganado menor, cabras y «oguechas» —ovejas—, con la tenada para leña.

Generalmente, a una de las partes laterales del fondo, sobresaliendo del cuerpo sobre la parte posterior del edificio general, se emplazaba el horno familiar. En el centro del patio, el hórreo, de modalidades propias, que lo diferencian del gallego o asturiano. Bajo el hórreo se encerraba la carreta, estrecha, larga y baja, de factura céltica y ejes rechinantes fijos a las ruedas ciegas con las que giraban, y se colgaban aperos y herramientas. El cuerpo alto y cerrado del hórreo constituía el granero y la despensa de determinados artículos, y se levantaba sobre cuatro columnas rudas de piedra.

La cubierta de estas edificaciones era de paja y se llamaba «el teito», sustituyéndose poco a poco por la piedra gris oscura o negra, ligeramente desbastada, que hoy prevalece en la cubierta de todas las construcciones de la comarca. Estas casas típicas de Laciana tenían todas sus entradas y luces por el patio central, y si al exterior se abría algún hueco, era de dimensiones insignificantes, livianos y disimulados agujeros o mirillas para la labor de escucha o vigilancia que alimañas u hombres desalmados pudieran exigir del montañés”.

Esta especial disposición de la vivienda típica responde perfectamente al medio geográfico, al arraigo, defensa y protección familiar, que lamentablemente, las muestras que se tenían referencia han desaparecido.

Source: La desaparecida casa semicircular de Laciana | Arquitectura Popular