La Casa Blanco, proyectada en 1977 con un programa mínimo, se asienta en la cornisa de un terreno alto: “El Aljarafe”, desde el que se divisa el valle del Guadalquivir y la ciudad de Sevilla. Es una comarca con asentamientos históricos como los restos tartésicos del Carambolo o las ruinas de Itálica. Quizás lo más interesante de este lugar son sus antecedentes de ricas cosechas, almazaras de aceite, haciendas y cortijos que lo han marcado como un territorio muy ligado a la cultura mediterránea. La arquitectura forma parte y está contagiada de esta cultura de la baja Andalucía, las haciendas refieren ese carácter de lugar ideal abierto y festivo de día y fortaleza cerrada de noche. Las albercas de agua, las ruinas y los olivos, forman parte de ese paisaje inmemorial. El patio de labranza, de carruajes o vecindad es el lugar natural de la vida.