De aspecto tecnológico, el Centro Pompidou parecía una nave espacial procedente del futuro aterrizando en el centro de París cuando se llevó a cabo su construcción. Creó una gran conmoción semejante a la generada por la Torre Eiffel en el año 1889. Renzo Piano y Richard Rogers, fijaban sus ideas con las del filósofo e ingeniero Buckminster Fuller, las de diseñadores industriales como Charles Eames, George Nelson y Victor Papanek, y fueron continuadoras de los trabajos de Pierre Chareau, de Jean Prouvé, de Alison y Peter Smithson, y de Archigram.

La imagen del Centro Pompidou fue asociada inmediatamente a la de una refinería de petróleo, y sufrió críticas crueles. Sus propios autores reconocen que tuvo mucho de provocación, y que expresaba la tecnología con ironía.

El edificio no oculta nada. Su imagen exterior se compone de una gran variedad de barras y tubos metálicos pintados de azul, verde y amarillo, correspondientes a climatización, fontanería y electricidad, además de los tubos rojos acristalados para circulación de visitantes mediante ascensores y escaleras mecánicas. La estructura metálica externa contribuye al aspecto industrial de la obra, que se instala en el perímetro junto con las instalaciones.

Los forjados con vigas de gran canto, salvan los 48 metros de anchura del edificio sin apoyos intermedios, creando cinco plantas diáfanas de 170 x 48 metros, sin obstáculos, que podían ser organizados y divididos con absoluta flexibilidad.

El edificio ocupa sólo la mitad del solar para dejar una amplia plaza abierta a la ciudad, destinada a actividades al aire libre, estancia y recreo, y actuaciones de artistas callejeros.

Sus conceptos han tenido secuelas en todo el planeta, grandes espacios continuos y flexibles sustentados por estructuras metálicas, con cerramientos de vidrio que dejan paso a la luz natural, como el Lloyd’s de Londres, el HSBC de Hong Kong, el Instituto del Mundo Árabe de París y muchos aeropuertos.

Source: ELMUNDO