Un cobijo de 400 m2 cuadrados construido por algo menos de 100.000 € junto a Madrigal de la Vera, al norte de la provincia de Cáceres, en Extremadura. Esta zona se considera el comienzo de la sierra de Gredos y sus tierras son ricas en agua y pastos para un abundante ganado. El río Tiétar y la Garganta de Alardos moldean el territorio desprendiendo grandes bolos de piedra granítica que han sido utilizados para la construcción de caminos desde la época romana. Estos bolos del tamaño de sandías son parte del material de construcción tradicional de la zona. Muros, tapias y corrales, se cierran con esta piedra sin ningún tipo de argamasa. La piedra deja pasar la luz entre sus rincones y juntas y permite el rápido crecimiento de todo tipo de vegetación que enseguida envuelve las construcciones. No en vano esta tierra se ha llamado con envidia “la Galicia Chica”.

Todo ello genera una vasta y compleja cultura local que exprime los recursos de esta tierra y los aprovecha para satisfacer las necesidades con ingenio y con poco dinero. Cercados de fincas a base de bolos de granito recogidos de las llanuras aluviales, cierres con somieres y alambres abandonados o estructuras metálicas sencillas e ingeniosas, viviendas de trabajo y secaderos de ladrillo visto y girado para generar celosías y ventilaciones varias. Naves de estructura metálica para almacenar heno o cobijar animales, naves de catálogo o construidas por el herrero del pueblo con los perfiles que tenía más a mano. Un corolario de soluciones de ingeniería popular, doméstica, de andar por casa, de recursos locales, de pequeñas chapuzas de tremenda eficacia, de geniales analfabetos.

Así se concibió este cobertizo. Una construcción que se va deshaciendo, mostrando sus tripas elementales a medida que se mezcla con el bosque. Una estructura prefabricada de GPS técnicas metálicas. Una construcción que respira por sus agujeros, que se protege del sol bajo una sombrilla y de la lluvia bajo un paraguas. Un conjunto de soluciones de catálogo, sin más, que teníamos a mano y por supuesto el material que pudimos encontrar al menor precio. Aquí los arquitectos se mezclaron entre la tradición local y los materiales disponibles.

Se introdujo una casa pequeña dentro de una estructura grande que la protege del sol y de la lluvia desde lejos. La estructura metálica ofrece la sensación de interior, de cobijo psicológico, de espacio propio, mientras que dentro de la estructura de bloque se presenta el mundo confortable, acondicionado. Un refugio dulce y suave en el interior de un artefacto duro y eficaz.