El surrealismo de Dalí no se quedó solo en sus lienzos, esculturas y en la imagen que logró crear de sí mismo, sino que también se convirtió en piezas únicas de arquitectura. El Teatro-Museo Dalí se sitúa en Figueras, su ciudad natal, en un edificio que había sido destruido casi completamente durante la Guerra Civil. Originalmente diseñado por el arquitecto , un incendio en 1939 lo dejó convertido en ruinas fantasmagóricas. El lugar tenía un especial significado para Dalí, pues en aquel teatro, cuando aún era un artista amateur, alguien le dio la oportunidad de exponer por primera vez.

El museo está lleno de huevos. Dalí conecta el óvulo con lo prenatal y lo intrauterino, usándolo para simbolizar la esperanza y el amor. Los panes amarillos también adornan el exterior del edificio carmesí, recordándonos enseguida que estamos en la casa de un surrealista y en catalán, donde la bandera es carmesí y amarilla. Durante sus primeros años dentro del movimiento surrealista, Dalí buscó un objeto que encarnara una serie de conceptos y problemas que le preocupaban a él y a otros surrealistas. Que el artista escogiera el pan como una especie de dispositivo personal o emblema, similar a su famoso bigote, apunta a una aguda conciencia del potencial del arte y la personalidad del artista, para convertirse en un objeto de consumo masivo. También era un artista del marketing.

Source: eldia