Antonio Lamela no lo tenía fácil a la hora de diseñar este edificio en la calle O’Donnell 33 de Madrid, el solar de forma trapezoidal apenas poseía 10,9 metros de ancho pero gracias a su ingenio logra aumentar la línea de fachada a 24 metros retranqueándolo en forma de Z. La singularidad principal de este edificio reside en la incorporación de nuevos y avanzados conceptos compositivos, constructivos y tecnológicos en la arquitectura doméstica.

Fue el primer edificio de viviendas en España que contaba con aire acondicionado central, cuando apenas lo tenía algunas salas de espectáculos. Utilizó de modo experimental elementos que acabarían siendo habituales, como los shunt, las ventanas Gravent o los tabiques móviles Modernfold; contó con carpinterías de aluminio, e incluyó adelantos, como la chimenea con deshollinador incorporado y el mobiliario de cocina integrado. Por otra parte, en las fachadas, caracterizadas por su sencillez y sinceridad constructiva y estructural, se empleó el gresite como revestimiento, siendo uno de los primeros en utilizar este material en Madrid, lo que obligó a traer montadores especializados desde Italia.

El complejo solar presenta una forma trapezoidal en que la dimensión más pequeña corresponde a la fachada, dificultad que Antonio Lamela resuelve con la ubicación de un patio abierto hacia la calle y amplias terrazas. En cada planta se proyecta una única vivienda orientada hacia el sur y hacia la vía pública, complementada con una oficina muy luminosa para profesionales, de 115 m2, orientada hacia el norte y al patio de manzana. Los accesos, vestíbulos y comunicaciones verticales de las viviendas y las oficinas son independientes, pero la acertada distribución permite que se produzca una conexión interna entre ambas, sin evitar la interferencia entre el hogar y el trabajo. En la vivienda se separan claramente la vida diurna de la nocturna, la zona común, de la privada, y los espacios servidos de los servidores; además de que cuenta con habitaciones amplias más que numerosas.

En un primer momento el edificio resultaba extraño, tanto, que todos los pisos, salvo uno, los compró gente relacionada con la arquitectura. El inmueble apenas ha cambiado desde los cincuenta, salvo que se clausuró la piscina de la azotea. En la fachada del patio interior las ventanas forman un gigantesco y colorista Mondrian de siete pisos de altura. 1956-1958.

Source: Edificio de viviendas y estudio del arquitecto A. Lamela