El proyecto forma parte del desarrollo de la propuesta ganadora del concurso internacional que el Ayuntamiento y el Colegio de arquitectos de Cádiz convocaron para reordenar y urbanizar los terrenos de la explanada de Santa Bárbara, terreno que actúa de franja de separación del parque Genovés con el mar. Las especies de este parque, exóticas de procedencia americana, están patrimonializadas y por su cercanía y exposición al mar requieren de una protección especial. Un muro alto y ciego de fábrica las preservaba de los temporales y el ambiente marino.

Este antiguo muro, hecho a trozos y retales y con diferentes alturas, cerraba visual y físicamente de manera total el parque a la explanada de Santa Bárbara. Sólo alguna puerta, habitualmente cerrada, los comunicaba. El proyecto lo sustituye por una edificación que protege el parque a la vez que permite una relación más permeable y porosa entre él y la explanada de Santa Bárbara.

Esta explanada en la que se asienta el edificio ha estado durante mucho tiempo utilizada exclusivamente como parking de superficie, a pesar de su gran extensión y su situación privilegiada como balcón de la ciudad frente al mar. El proyecto, como si se inspirara en el conocido grafitti de Banksy, la convierte ahora en una extensión del parque y un espacio libres con franjas de zonas ajardinadas, deportivas y para juego de niños. Los niños juegan ahora donde antes sólo había coches.

La nueva edificación proyectada -y que sustituye al muro- tiene como primer objetivo garantizar la protección del parque Genovés frente al viento y los temporales. Pero además, propone una relación mucho más transparente y permeable entre dicho parque y el nuevo paseo de Santa Bárbara, pensándolos como espacios urbanos conectados y complementarios, creando cinco nuevos accesos. Además, la cubierta o nivel superior es accesible y transitable, trasformándose en una calle-mirador elevada que se asoma por un lado hacia el parque Genovés y por el otro a la explanada de Santa Bárbara y a la Bahía de Cádiz.

Se trata por tanto de una edificación que integra necesidades muy diferentes y desarrolla propuestas diversas, lo que hace difícil su encasillamiento en una tipología concreta de la arquitectura e incluso su propia denominación de proyecto. El edificio quiere ser sin duda una síntesis de diversas necesidades pero también propuesta, una instalación que active este espacio e interactúe con las personas para hacer de esta zona de la ciudad un nuevo lugar de oportunidad y expectativas para el ciudadano.

El edificio -si así pudiera ser denominado- es el resultado de un proceso de negociación entre muchas condiciones de diferente naturaleza. En primer lugar, tenía que sustentarse necesariamente sobre la estructura del parking subterráneo existente en toda la explanada, por lo que su planta tiene que adaptarse a aquellos puntos de carga coincidentes con la estructura inferior y también a los accesos verticales de dicho sótano, que alberga en su interior. En planta baja también aloja los diferentes locales asociados a actividades culturales además de aseos públicos y vestuarios y zona de almacenamiento para el personal de trabajo del parque Genovés que en el pasado eran edificaciones precarias adosadas al muro. Otras intenciones del proyecto eran generar áreas de sombra y relación así como evitar que el edificio, en su linealidad y necesaria extensión, pareciera un nuevo muro. La formalización quebrada y el alzado sin escala del edificio no es un a priori, sino el resultado de un conjunto de solicitaciones funcionales y conceptuales que se han constituido en las condiciones que la decantan.

La materialidad busca una sensación de liviandad y transparencia, utilizando el vidrio, el policarbonato y el acero. La fachada, compuesta por vidrio en planta baja y una doble piel traslúcida en el nivel superior, se retroilumina por la noche, recreando una extensa franja de luz frente a la bahía.