Eva Franch fue la comisaria del Pabellón de Estados Unidos en la Bienal de Venecia. Desde Nueva York -y a través de la práctica arquitectónica y artística- cuestiona espacios políticos y estructuras de poder. John Lennon y Yoko se metieron en la cama de una habitación del Hotel Hilton de Amsterdam para denunciar la Guerra de Vietnam. Y lo hicieron en pijama. Veinte años antes, en 1959, Fidel Castro tomó como base de la Revolución Cubana el Hotel Habana Hilton, el único edificio con aire acondicionado. Después lo nacionalizó, le cambió el nombre por Habana Libre y, en marzo de este año, fue el escenario del deshielo con Estados Unidos y de la rueda de prensa de Barack Obama. «La habitación de un hotel es un espacio político. Y más si es un Hilton, se convierte en una embajada del poder. La arquitectura es un vehículo político. Y el imperialismo de Estados Unidos no sólo se ha exportado a través del cine de Hollywood o del fast food, sino que se ha materializado con la arquitectura», dice Eva Franch en el Col·legi d’Arquitectes de Catalunya.

Source: Edificios de pensamiento