El nuevo museo, que comenzó en 2002, ha sido diseñado por el estudio español Mansilla+Tuñón, que realiza una construcción encastrada en la cota inmediatamente inferior a la cornisa palaciega, logrando un efecto de contención sobre lo que le sobrepasa, el palacio y el templo. Su difícil función arquitectónica capaz de vencer disonancias constructivas entre el templo y el palacio se resuelve felizmente al concebirse como basamento neutro. Por otro lado, toda la concepción de esta fábrica de hormigón, revestida de granito en su exterior, superposición de unidades espaciales porticadas de diversa altura, es conforme a un uso museológico, abierto a múltiples posibilidades. La propuesta consiste en grandes espacios diáfanos que se recorren según un itinerario descendente en cuatro alturas. En este sentido, el complejo museológico fue pensado por sus arquitectos como expectante anfitrión de museografías que no condiciona significativamente. La edificación sólo determina una fórmula de convivencia entre arquitecturas, a las que sirve de zócalo, y unas pautas de itinerancia por espacios concatenados de diversa capacidad, pendientes de alojar obras de interés artístico. Son muchos miles de metros cuadrados los que quedan a disposición de Patrimonio Nacional para la ocupación de las salas, cuya funcionalidad depende ahora del uso que les dé su comitente.

Source: Involución en la museología