Una pirámide es una tumba, sin luz natural y con mucho pasillo, en la cual, las condiciones de confort no son exactamente las más deseables. La enorme masa de las pirámides hace que la temperatura en su interior sea muy estable –alrededor de 20°–, aunque en el exterior el termómetro suba muy frecuentemente por encima de los 30°. Sin embargo, los visitantes siempre recuerdan el tremendo calor que pasaron dentro, y el sudor.

La explicación de esta paradoja es la humedad; con la baja humedad del desierto, temperaturas de 27° y 28° son perfectamente cómodas, e incluso cifras mucho más altas pueden ser llevaderas. En cambio, cuando aumenta la humedad –como ocurre en un estrecho pasadizo lleno de turistas respirando y sudando– la percepción del calor aumenta, nuestro sudor no llega a evaporarse y nuestras camisas se encharcan. Así, para conseguir el confort interior lo que hay que controlar no es tanto la temperatura como la humedad y el movimiento de aire.

Source: ¿Eran las pirámides edificios eficientes? La sostenibilidad en las construcciones de la antigüedad