La Puerta de Alcalá, una de las cinco antiguas puertas reales que daban acceso a la ciudad de Madrid, se encuentra situada en el centro de la rotonda de la Plaza de la Independencia y cuyo diseño pertenece al arquitecto italiano Francesco Sabatini. La puerta de estilo neoclásico y aspecto monumental similar a los Arcos de Triunfo romanos, ha sido restaurada en cinco ocasiones. Las restauraciones han mantenido intactas los impactos de proyectiles que en diversas confrontaciones ha habido en su entorno.

La primera restauración se realiza en 1869, cuando había cumplido cien años de servicio. La siguiente restauración se realiza en el año 1904 y consiste en un lavado y limpieza, así como un emplomado y una restauración de algunas de las figuras de la cornisa. En el año 1959, ya en periodo de post-guerra se realizan las terceras obras de restauración sobre las figuras de los frontones. La cuarta restauración se llevan a cabo desde 1979 hasta 1980. La quinta restauración abordó la renovación de la cubierta de plomo que mostraba algunas planchas sueltas y dobladas debido al viento. También se trató el mal estado de conservación de los conjuntos escultóricos de la cornisa y el enegrecimiento de las piedras así como la suciedad acumulada debido al tráfico de vehículos en la zona. Comienza el 1 de marzo de 1992 y finaliza el 15 de mayo del mismo año.

Durante esta última intervención, Antonio Mingote, dibujante, escritor, académico de la lengua y periodista español, crea un toldo para cubrir la Puerta de Alcalá durante su restauración. Su tamaño, colorido y la gracia de sus figuras convocó a miles de madrileños.

En una de las caras aparecía Carlos III y a su lado canteros, juglares, la nobleza, el pintor Goya y una aristocrática pareja que representaba, según dijo entonces Mingote, al alcalde Álvarez del Manzano y su esposa. Detrás pueden verse a varios albañiles, que mediante una antigua polea, elevan la placa con el nombre del «rege carolo III» hasta la parte superior del monumento, aún sin concluir. En un lateral, un hombre pinta sobre la pared «Biba la Kultu…», mientras el oso y el madroño sonríen ante una pancarta que alude a la Capitalidad Cultural Europea, que celebraba ese año Madrid. La otra cara reflejaba la época moderna, con sus turistas y sus coches atascados. Tanto gustaron, y tanto éxito tuvieron, que dos años después volvió a utilizarse la misma idea para cubrir, esta vez con dibujos de inspiración marinera, la fuente de Neptuno durante su restauración.