En la entrevista al arquitecto español Ricardo Bofill, arquitecto nómada y que ha trabajado en 35 países, comenta: “la élite arquitectónica no se interesa por la vivienda ni por la ciudad. La primera es lo básico, pero lo más difícil. La segunda es a la vez lugar de cambio social y espacio de corrupción y especulación donde están todos los males. A Le Corbusier no le gustaba la ciudad, por eso la dividía: una máquina para vivir, otra para trabajar. Era un gran creativo con una ideología nefasta”.

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