Aunque en España tenemos bastantes casos de este tipo de “dioses de la arquitectura”, la nueva y extraordinaria sala de conciertos de Hamburgo, la Elbphilharmonie, diseñada por los arquitectos Jacques Herzog y Pierre de Meuron, destaca más por su sobrecoste que por su arquitectura. El edificio construido sobre un antiguo almacén de café y cacao en la zona portuaria de Hamburgo, fue desarrollado sobre una vanguardista estructura de cristal sobre el sencillo trapecio de ladrillo original. Vista de frente, la Elbphilharmonie parece la quilla de un gran barco resuelto a remontar el curso del Elba hasta el mar del Norte. Cuando uno avizora la ciudad desde alguna de las terrazas colgadas sobre el río, la sensación es que esta enorme mole está literalmente flotando sobre las aguas.

Los dos auditorios se encuentran en la parte alta, adonde se llega tras ascender por unas larguísimas escaleras mecánicas que recuerdan inevitablemente a la Tate Modern londinense, otro edificio industrial reconvertido para su uso cultural por Herzog y De Meuron, también a la orilla de un río. Sin embargo, un larguísimo historial de retrasos, escándalos y un coste final que ha pasado (al parecer) de 77 millones a 789 millones de euros, hacer dudar de la eficiencia germánica.

Source: Un auditorio portentoso atraca en el puerto de Hamburgo