El origen de las tarjetas comerciales hay que buscarlo en la iniciativa de sir Henry Cole, un inglés polifacético que junto a sir Rowland Hill reformó entre 1837 y 1840 el servicio postal británico y creó el sistema de “correo a un penique”, que permitía enviar cartas por esa cantidad fija.

En el año 1843, y ante la montaña de cartas que tenía que contestar para las fiestas, sir Henry, que se convertiría en el primer director del Museo Victoria & Albert de Londres, tuvo que tirar de ingenio y le encargó a un amigo, el artista John Callcott Horsley, la que se considera la primera felicitación comercial de la historia. En ella aparecen tres generaciones de su familia flanqueadas por sendas alegorías de la caridad. El éxito de la idea entre sus allegados le llevó a poner 2.050 copias a la venta por un chelín.

Source: El arte de pedir el aguinaldo 

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