Joan Miró fue un pintor, escultor, grabador y ceramista español, que además de ser considerado uno de los máximos representantes del surrealismo, diseño la pieza escultórica que reciben los galardonados en los Premios Príncipe de Asturias. Sus esculturas eran, por norma general, muy complejas, ésta de los premios no lo fue en absoluto. Un diseño que no requería remates y facilitó su fundición inmediata de ocho kilos de bronce. Tiene escasos 47 centímetros de altura, y sostiene al sol colgando del pecho y a la luna por sombrero.

En los primeros pasos en 1981 de los Premios Príncipe de Asturias y, tras constituir la fundación del mismo nombre un año antes, se puso en marcha la primera edición de los galardones pero sólo faltaba disponer de una especie de trofeo que representara su espíritu, “fundamentado en la libertad y la democracia”. Se decidieron por Joan Miró, que contaba por aquel entonces con 88 años y vivía en Palma de Mallorca. Miró dijo que sí enseguida, no vaciló un instante.

¿Quiere cobrar algo por el encargo, señor Miró? -preguntó el enviado.

No. Sólo pondré una condición, de obligado cumplimiento: que todas las reproducciones que sean necesarias en el futuro se fundan en el taller de Barcelona al que siempre llevo mis esculturas.

Un único deseo que el artista dejó mecanografiado en la carta en la que cedió los derechos de reproducción de su obra, con el único y exclusivo fin de servir de galardón a los premiados.

Todas las piezas de la familia llevan grabadas en el cuerpo un número de serie y la fecha de nacimiento. Los pedestales de madera, con el nombre del galardonado grabado en una placa metálica, se acoplan finalmente en la fundación asturiana cuando las esculturas llegan a Oviedo. La pieza elaborada por Miró no fue bautizada con ningún nombre.

Source: Ya van 291 ‘mirós’