Los bienes que componen el patrimonio histórico son frágiles, difíciles de mantener y conservar, y existen infinidad de factores que juegan en su contra; desde el peso de la edad y el envejecimiento de los materiales, los avatares que han experimentado a lo largo de los siglos, la influencia del entorno ambiental, las condiciones de uso, cuando no de las propias acciones humanas, intencionadas o no; no son raros los desatinos que se cometen en ocasiones intentando precisamente la restauración y mejoría del estado de todo tipo de objetos, edificios, lugares patrimoniales, etc., provocando, bien por la aplicación de técnicas agresiva o de sustancias inapropiadas, el efecto contrario al pretendido.

En algunos casos nos encontramos con depósitos originados por el uso ya en época antigua, como el hollín generado por el humo de las velas, las huellas y marcas asociadas a la manipulación de utensilios o a las condiciones ambientales en las que han permanecido, manchas de humedad, de tierra, de grasa en vajillas, ropajes, etc. En otros casos se trata del resultado de distintos procesos físicos y químicos a lo largo de la historia por evolución de los propios materiales, como la corrosión de los objetos metálicos, el oscurecimiento o amarilleamiento de las pinturas por oxidación de los pigmentos y barnices que las cubren, la acción de microorganismos, la fijación de líquenes, mohos o incrustación de sales sobre la piedra, por ejemplo.

Entre los aspectos más comunes y más fácilmente apreciables que afean y ensucian los bienes se encuentran los agentes biológicos: la vegetación, los residuos resultantes de la presencia y acción de los insectos, las deyecciones de pájaros o murciélagos, nidos de aves o roedores, entre otros.

Lo cierto es que las consecuencias de todos estos factores van mucho más allá de las cuestiones estéticas y externas, teniendo todos ellos efectos directos en la degradación y problemas de conservación de estos bienes. La limpieza se convierte por tanto en un procedimiento o conjunto de técnicas que constituyen una necesidad inexcusable para el mantenimiento de los bienes. La enorme disparidad de elementos y materiales que componen el patrimonio cultural requiere de tratamientos específicos para cada circunstancia y conjunto, que no podrían ser aquí enumeradas.

Los avances de la ciencia y las técnicas aplicadas, ayudan en la actualidad a efectuar esta labor adecuadamente acompañada del trabajo manual y dedicado del profesional, que interviene armado de brochas, bisturíes, algodón, agua destilada y microaspiradores, provisto de una importante preparación técnica y auxiliado por los medios contemporáneos. Mantener el brillo de nuestro patrimonio histórico es mucho más que una simple cuestión de limpieza.

Source: Conservación del patrimonio histórico, más allá de la limpieza