El agua es uno de los elementos básicos del Feng Shui (que se traduce literalmente como “viento y agua”) y, por consiguiente, la piscina puede tener un gran impacto en la serenidad del hogar. Según el Feng Shui, lo mejor es apostar por una piscina sin ángulos: redonda, ovalada o con forma de riñón. Estas formas evitan la acumulación de energías en las esquinas y estabilizan la situación financiera de la familia. En cuanto a las dimensiones, lo más importante es la proporcionalidad. En el Feng Shui, el agua es un elemento muy poderoso, por lo que una piscina demasiado grande puede alterar de forma notable el equilibrio energético del hogar.

También es recomendable no situar la piscina muy cerca de la casa para evitar una sensación de “ahogo” entre sus habitantes. Si es posible, es muy interesante que el agua fluya en dirección hacia el hogar. De este modo, la piscina proyectará propiedades curativas a toda la familia. Por último, para garantizar un buen equilibrio en el entorno, es muy recomendable que los cinco elementos estén integrados armónicamente en el jardín. Así pues, además del agua de la piscina, conviene incorporar metal (escaleras, material de mantenimiento), madera (plantas, mobiliario exterior), tierra (piedras, macetas, objetos de cerámica), y fuego (sistemas de iluminación, velas).

Source: Cómo incorporar el Feng Shui en tu piscina