El monte Testaccio, la “octava colina” de Roma, fue construido artificialmente durante los siglos I y III d. C. por restos de alrededor de 26 millones de ánforas rotas, sobre todo de aceite de oliva que se importaba principalmente del sur de Hispania en grandes ánforas de barro. El aceite se trasvasaba a recipientes de menor tamaño para su distribución por la ciudad y debido a que no era rentable limpiar las ánforas y devolverlas a sus lugares de origen, se fueron arrojando a un vertedero llevado a cabo de manera disciplinada, elevado por terrazas con muros de retención también hechos de trozos de cerámica. Los restos eran cubiertos con cal para evitar malos olores.

Con el tiempo se ha ido cubriendo de vegetación y en su perímetro se fueron instalando de bodegas para la conservación del vino, pues en su interior se mantiene una temperatura constante. La caída de unas bombas en la II Guerra Mundial ha dejado al descubierto las ánforas en determinados puntos de la colina. Cubre un área de 20 000 m² en su base y se alza hasta los 35 metros.

Source: Monte Testaccio